Deseando la herencia en tiempos de crisis

//Pr. Luis Alberto Núñez\\

“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32) 

El Señor le muestra a Simón una realidad espiritual “Satanás os ha pedido para zarandearos” es decir, para probarlos, para sacudirlos, para remecerlos. Cuando leí por primera vez este pasaje, pensé que en la segunda parte del versículo el Señor diría: “… pero yo lo he reprendido” o quizas “yo le dije que eso jamás acontecería”, pero el Señor dice “yo he rogado que tu fe no muera, no fallezca, no se acabe” ¿Cómo es eso? el Señor le está diciendo que será probado, que será zarandeado y que su deseo es que su fe no muera, es decir, el asunto no es evitar la crisis, la crisis vendrá, pero la voluntad de Dios es que permanezcamos firmes en la fe y que luego que esto suceda, afirmemos a nuestros hermanos, que seamos instrumentos de bendición, motivando a otros a afirmarse, porque nosotros ya experimentamos esa victoria.

El mundo yace bajo el maligno, el príncipe de este mundo es el diablo, por tanto hay cosas que son inevitables. Como cristianos hemos estado sujetos al sufrimiento que trae como consecuencia el sistema de este mundo, donde hay corrupción. El problema que vivimos ahora es igual, solo que se ha globalizado, así que es inevitable ser zarandeados como trigo, pero el deseo de nuestro Señor es que en este tiempo nuestra fe no muera, no desfallezca. Una de las maneras de expresar esa firmeza de fe es que nuestro deseo de la herencia no cambie, es decir, todo creyente cuando nace de nuevo aprende una verdad ¿Cuál? Que es salvo, que tiene vida eterna de manera sobrenatural, desea un futuro con Dios y sabe, aunque no con detalles, que Dios tiene algo especial, maravilloso y eterno y que tenemos una herencia en Él. Esta herencia es nombrada muchas veces en la Palabra cuando se refiere a sus hijos. Veamos:

“Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32)

Muchos piensan que el pecado es el mayor problema en la vida del creyente, pero el mayor problema es un corazón indiferente a la herencia del cielo. Hebreos 12:16-17 nos muestra una escena terrible, queriendo heredar la bendición, Esaú lloró ante su padre, pero Isaac no podía retractarse, no había lugar para el arrepentimiento. 

“no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”

Desear la herencia que recibimos de Dios es una señal de quienes lo aman.

“Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:7) 

Una parte de esa herencia, de esa vida en abundancia, es que seas libre de toda esclavitud. Nada que te esclavice es el plan de Dios.

“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.

No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Efesios 5:5-8) 

La herencia es reinar con Dios, es reinar con Cristo en el milenio, ser un vencedor es parte de esa herencia.

“Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? (Santiago 2:5)

“con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:12)

Veamos como el deseo por la herencia puede transcender en el tiempo y pude definir un futuro. Las hijas de Zelofehad Me gustaría compartir algo precioso sobre las hijas de Zelofehad. Incluso viviendo en el tiempo de la ley, cuando las hijas no tenían derecho a la herencia, mostraron un corazón que anhelaba recibir la herencia y el Señor las honró por ello: “Luego vinieron las hijas de Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, entre las familias de Manasés, hijo de José. Estos son los nombres de sus hijas: Macla, Noa, Hoglah, Milca y Tirza.  Se pararon ante Moisés, y ante el sacerdote Eleazar, y ante los príncipes, y ante todo el pueblo, a la puerta del tabernáculo de la congregación, diciendo: Nuestro padre murió en el desierto, y no estaba entre los que se reunieron contra ellos. Jehová en el grupo de Coré; pero él murió en su propio pecado y no tuvo hijos. ¿Por qué se debe sacar el nombre de nuestro padre de su familia porque no tenía hijos? Danos posesión entre los hermanos de nuestro padre. Moisés llevó su causa ante el SEÑOR. Y el SEÑOR dijo a Moisés: Las hijas de Zelofehad hablan justicia; Seguramente les darás una posesión de herencia entre los hermanos de su padre, y harás que hereden la herencia de su padre. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Cuando un hombre muera y no tenga hijo, harás que su herencia pase a su hija. Y si no tiene hija, dará su herencia a sus hermanos. Pero si no tiene hermanos, le darás su herencia a los hermanos de su padre. Si tu padre tampoco tiene hermanos, darás tu herencia al pariente más cercano de tu familia, para que la tenga; Esta será una prescripción apropiada para los hijos de Israel, como el SEÑOR le ordenó a Moisés” (Números 27:1-11)

   1.      Querían recibir sin tener derecho Las hijas de Zelofehad querían recibir la herencia, pero en aquellos días solo los hombres recibían la herencia. En este caso, su padre no tenía hijos varones, así que ellas se quedarían sin nada, pero ellas querían recibir la herencia y no fueron indiferentes.

Un propósito del segundo censo era determinar el tamaño de la herencia asignada a cada tribu (Números 26:54), pero antes de entrar en la tierra, hay que aclarar un principio importante en cuanto a la herencia de cada familia. Generalmente la propiedad de un hombre se dividía entre sus hijos varones cuando éste moría. Así la tierra quedaba con la familia como una herencia perpetua. Las hijas recibían una dote de su padre al casarse y entonces pasaban a ser miembros de la familia de su esposo, compartiendo así su herencia.

Zelofehad de la tribu de Manasés no tenía hijos varones. Según la práctica tradicional, su propiedad pasaría a sus hermanos, tíos u otros parientes varones (Levítico 25:47-49). Las hijas de Zelofehad se quejaron porque de esta forma el nombre y la memoria de su padre desaparecerán de Israel e hicieron un pedido para que ellas reciban la tierra que correspondería a su padre. Aunque aun no habían entrado a Canaán, ellas anticiparon la conquista de la tierra prometida por fe y quisieron conservar la porción que correspondería a su familia. La fe se apropia, la fe entra en la herencia.

Estas mujeres trajeron un nuevo caso, pues eso aún no había sucedido. Ni siquiera en la ley del Señor se mencionaba algo sobre esta situación, pero debido a la solicitud de las hijas de Zelofehad el Señor agrega una ley. Ellas sabían que no tenían derecho, pero es necesario entender que cada vez que crees sin merecer, entras en el territorio de la gracia de Dios. En el Antiguo Testamento había la gracia de Dios para aquellos que creían. Dios se regocija cuando tenemos una fe simple y audaz que descansa completamente en la gracia. Este es el tipo de fe que glorifica al Señor. Dios honró la fe simple de esas mujeres jóvenes. Querían lo que Dios les había dado. En su caso, era una parte de la tierra de Canaán, pero para nosotros es todo lo que se describe en el primer capítulo de Efesios. Dios nunca decepciona la fe, porque solo la fe puede honrarla por completo.

 Moisés va al Señor porque no había nada en la ley sobre su solicitud. El Señor dice que su petición es justa y aunque estaba prohibido, era justo. La fe trasciende la ley y llega al corazón de Dios. El Señor establece una nueva ley: si un hombre muriera sin hijos, entonces la herencia sería dada a las hijas o a la hija. Dios estableció esto debido a las hijas de Zelofehad, debido a que, a pesar de todo, ellas deseaban la herencia. Ellas tenían una fe audaz y gracias a ellas, todas las hijas después en Israel pudieron recibir la herencia en las mismas condiciones. Fueron muy valientes al pedir algo así. Alabamos a Dios porque nunca le dijo a nadie algo como: ¡Estás pidiendo demasiado! El Señor nunca regañó a nadie por pedirle algo. En realidad, la reprensión viene por la falta de fe: «Oh hombres de poca fe». El Señor nunca dijo: «Oh hombres de poca santidad» u «hombres de poca obediencia», porque el Señor siempre mira la fe.

2. Desear la herencia de Dios involucra el cumplimiento del propósito de Dios Me gustaría mostrar cómo la pasión de alguien por la herencia de Dios puede ir aún más lejos. La Palabra de Dios dice que después de la muerte de Salomón, el reino se dividió en dos territorios, uno reinado por Roboam en el sur (hijo de Salomón) y otro por Jeroboam en el norte. Estaban el reino del sur, llamado Judá y el reino del norte, llamado Israel o Efraín. El reino del norte era más grande y lo formaban diez tribus, mientras que el reino del sur estaba solo conformado por dos tribus, Judá y Benjamín. Entonces, cuando leemos el libro de los Reyes, tenemos la historia de los reyes de Israel, que eran todos malvados y la historia de los reyes de Judá. Entre los reyes de Judá hubo algunos malvados, pero la mayoría caminó en los caminos de David. Al final, Dios después de enviarles muchos profetas que predicaban arrepentimiento, Judá termina en cautiverio en Babilonia. El último rey de Judá fue Jeconías (Joaquín). Sé que algunos piensan que fue Sedequías, pero la verdad es que fue Joaquín (2 Reyes 25:27-30). Era un rey tan malvado que Dios pronunció una sentencia sobre él.

“¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá” (Jeremías 22:29-30) 

El Señor dice que ningún descendiente de Jeconías se sentaría en el trono de David, pero el Señor había dicho que el trono de David sería eterno. Hoy el Señor Jesús está sentado a la diestra del trono de Dios. Este trono no es el trono de David, pero él regresará para sentarse en el trono de David. Desde los días de Jeconías hasta el día de hoy no hay reyes en Israel.  Hay dos genealogías de Jesús en los evangelios, una está descrita en Mateo y otra está en Lucas. En la genealogía de Jesús en Mateo, encontramos que Jeconías se encuentra allí, José es descendiente de Jeconías. La genealogía de Lucas se remonta a Adán. Su propósito es mostrar que el Señor Jesús es el hijo del hombre, pero la genealogía de Mateo va por el camino de Abraham, porque su objetivo es mostrar que el Señor es el heredero legítimo del trono de David, pero observemos: En la genealogía de Mateo la ascendencia viene desde Salomón hijo de David,  pero en la genealogía de Lucas viene desde Natán, otro hijo de David, esta última genealogía llega hasta María. La explicación es esta, en Mateo se dice que el padre de José es Jacob, pero en Lucas se dice que es Levi, en realidad aquí se nombra al esposo que es José, esta es la genealogía de María. Jesús no podía sentarse en el trono por la línea Mateo, porque había una maldición, entonces esto tendría que suceder a través de la genealogía de Lucas ¿Por qué? porque debido a las hijas de Zelofehad, que desearon la herencia Dios, esto determinó que una mujer podía ser heredera. Ahora una mujer, en este caso María, podía reclamar la herencia del trono. El Señor era el hijo adoptivo de José y uno podría cuestionar la legitimidad de esto, pero Jesús es el hijo legítimo de María ¿Quién hubiera pensado que la solicitud de esas cinco chicas estaba vinculada a la venida del Hijo de Dios? Todo en las Escrituras apunta al Señor Jesús. El Señor tuvo que nacer de una virgen, pero incluso una virgen ha caído y tiene la sangre de Adán. Ningún judío hoy puede reclamar el trono de David, su linaje real. En el año 70 D.C. todos los registros genealógicos fueron destruidos por los romanos cuando incendiaron Jerusalén. La única genealogía conservada está escrita en las páginas del Evangelio. Cuando el Señor regrese, puede reclamar el trono porque está incluido en su el linaje.

Tu deseo por la herencia puede afectar una nación, puede afectar una generación puede afectar y trascender un destino.

Los tiempos de crisis hacen perder el deseo por la herencia. El deseo por la herencia esta relacionado al futuro. El anhelo por el futuro es afectado cuando en el presente experimentamos crisis, eso pasó con Esau y Jacob. Ese es uno de los propositos del maligno en este tiempo, que la crisis de hoy te haga perder el deseo por la herencia que tenemos en Cristo y como esta herencia está relacionada a su venida, entonces dejas de amar su venida, te tornas indiferente a su venida. El Señor dice que:

“Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2:5) 

“Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8)

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