En memoria de mí

 

 

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:24-26)

El apóstol Pablo está haciendo una narración de la historia en la que el Señor Jesús celebró la Santa Cena, aquello que Jesús dijo que se hiciera en memoria de Él. Ya expliqué que esa palabra es anamnesis, que significa un recuerdo vivo, un recuerdo de su obra, de lo que hizo por nosotros, la celebración de la Santa Cena es eso, un constante y vivo despertar a una verdad “la obra redentora”, la obra consumada. El Señor Jesús no estaba hablando de un hecho simplemente para recordar, sino de una expresión viva, que es la fuente de nuestra fe, pues si para nosotros la obra de redención que el Señor Jesús hizo en nuestras vidas no es algo latente, firme y vivo, nuestra relación con Dios solo estará a nivel de la religión, como sucede en muchas personas. Todo está relacionado a la vida que tenemos hoy por causa de Cristo, nuestra victoria es Cristo y nuestro propósito es por causa de Cristo.

Una vez más, quiero decirles que el primer propósito de Dios para nuestra vida es vivir la revelación de quienes somos por causa del sacrificio de Cristo, el primer llamado de Dios para nosotros es vivir esa realidad,  solo así podremos expresar aquel amor por Dios que hará que todo nos ayude a bien, no porque Dios cambia a causa de nuestro amor, sino porque nuestros ojos se abrirán para ver la bondad de Dios. Leamos el Salmo 27:

“Aunque un ejército acampe contra mí. No temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado” (Salmos 27:3) 

“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. Enséñame, oh Jehová, tu camino y guíame por senda de rectitud. No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová” (Salmos 27:10-14)

Entonces, cuando creemos en la bondad de Dios, en esta tierra llena de presiones, llena de incertidumbres, no desmayamos, porque confiamos. El salmista nos muestra que está rodeado de enemigos, de adversidades e inclusive injusticias, todas ellas son una invitación a desmayar, pero lo que evita que caiga es que él sabe que verá la bondad de Dios  ¡Esa es la celebración de la Santa Cena! la anamnesis de quienes somos por causa de la obra consumada de Cristo. El primer propósito de Dios para nosotros fue ese, que experimentáramos esa vida victoriosa, basada en esa verdad y todo por el creer, fuimos llamados a eso. Quiero leer una vez más con ustedes:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó (establecio, definio) para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, (por el evangelio) a éstos también justificó; (los salvó porque creyeron) y a los que justificó, a éstos también glorificó ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” (Romanos 8:28-35)

La expresión “los llamó” se refiere específicamente a llamar en voz alta por su nombre o poner un sobrenombre a alguien en voz alta, eso aconteció precisamente el día en que te predicaron el evangelio, tú respondiste por la fe y por esa respuesta de fe ahora eres hijo de Dios. Nada ni nadie podrá separarte de ese amor, todo por causa de la obra de Cristo en la cruz y ESA ES LA SANTA CENA, la anamnesis de esta verdad, por eso dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mateo 26:26)

No comemos solo un pedazo de pan, sino una verdad, una realidad celestial, que se hace parte de nosotros, se torna en nuestra vida, en nuestra fuerza ¡aleluya!

“Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y vé y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel. Luego me dijo: Hijo de hombre, vé y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras” (Ezequiel 3:1-4) 

Nota algo importante, solo cuando comió la palabra, solo cuando aquella palabra se hizo parte de él, él pudo convertir esa palabra a Israel, ESA ES LA SANTA CENA, hacer viva esa realidad en Cristo, una revelación de quienes somos por causa de Cristo, por eso dice que no podemos comer ni beber de manera indigna y esto no se refiere a tus actos o caídas, sino, de acuerdo al contexto, hacerlo de manera irresponsable y ligera, es penoso que algo tan importante, tan solemne y extremadamente necesario para nuestra fe, sea tomado de esa manera.

Eres salvo de toda condenación, eres un hijo amado, una hija amada, eres heredero de todas las cosas, eres acepto ante el trono celestial, reinas en vida, estás sentado en lugares celestiales, eres más que vencedor en Cristo.

Todo es por causa de Cristo, esa fue la razón por la que el Señor dijo que lo hiciéramos siempre. Necesitamos tener revelación continua de la victoria que Cristo ganó para nosotros. Es por eso que Pablo dice que cuando celebramos la Santa Cena anunciamos su muerte hasta que Él venga, noten que es especifico, anunciar su muerte ¿qué significa esto? simplemente que su muerte nos dio vida y por causa de eso nada nos separará de su amor. Anunciamos con vehemencia y poder aquello que está vivo en nosotros, solo predica el evangelio quien tiene viva esta verdad dentro suyo, solo cuando comes y esto forma parte de ti puedes anunciar a Cristo.

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