La promesa de la casa llena

//Pr. Eliud Cervantes\\

La promesa del Señor para nosotros en éste nuevo año es que nuestra Casa estaría llena. Ya vimos en su Palabra que esa es su voluntad. Él ama tener Su casa llena, en primer lugar de vidas, es por esa razón que en la parábola de la Gran Cena, Él envía a su siervo, inclusive a forzarlos a entrar hasta que Su casa se llene.

Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa” (Lucas 14:21-23) 

Todavía vemos que el siervo le dice: “se ha hecho como mandaste”, lo cual nos habla de la actitud que debemos tener también en este tiempo: ser prontos para responder a la voluntad del Señor. Este año vamos a trabajar para que más vidas sean alcanzadas y experimenten la salvación y amor de Dios.

La casa llena es para tu vida también 

Sin embargo, la promesa del Señor no solamente es para que lleguen más vidas, sino que Él quiere que tú experimentes una vida abundante. Por ese motivo es que Él le dice a la nación de Israel, inclusive antes que entren en la Tierra Prometida, que Él los estaba introduciendo a una tierra de casas llenas de todo bien.

Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies” (Deuteronomio 6:10-11)

Aquí vemos que Dios quería traerlos a una tierra que fluía leche y miel. Quería darles una tierra llena de ciudades grandes y hermosas que no construyeron, casas llenas de cosas buenas que no llenaron, pozos excavados que no cavaron, y viñas y olivos que no plantaron. En otras palabras, quería que disfrutaran de los frutos y el trabajo de otro: los gigantes que estaban en la tierra.

Las casas llenas de todo bien, nos habla de la provisión que vamos a experimentar de parte de nuestro Padre, puedes estar seguro que Él cuidad de ti y suplirá cada necesidad según las riquezas de Su gloria. Las cisternas cavadas tienen que ver con el fluir de los ríos de vida en tu vida y familia. Las viñas nos dicen que habrá mucha alegría en nuestras vidas, aquella alegría que viene del Señor. Y finalmente los olivares nos hablan de la unción del Señor que destruirá todo yugo o peso de pecado. Cree en un año lleno de la unción del Señor en cada área de tu vida.

Ahora, es cierto que habrán días difíciles, al igual que pasó con la nación de Israel. Con seguridad el diablo había colocado esos gigantes para impedir que Su pueblo herede esa tierra, sin embargo, Dios hizo que ellos heredarán lo que los mismos gigantes construyeron, cavaron y plantaron. Ellos recibieron mucho más.

Querido hermano, aunque el diablo puede haber colocado obstáculos y circunstancias difíciles en tu vida, Dios cambiará esos planes malvados para que recibas mayor bendición. Ese es el real éxito en nuestras vidas. Ese es el tipo de éxito en el que disfrutas de la abundancia de provisión en cada área de tu vida. Ese tipo de éxito que se caracteriza por el descanso, porque hoy, la Biblia dice que nuestra tierra prometida es el reposo de Dios (Hebreos 3:11). Estamos disfrutando los frutos y el trabajo de Otro: Jesucristo. Y ese es el tipo de éxito que Cristo nos ha dado hoy. No tenemos que esforzarnos y desgastarnos para ser bendecidos.

Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo” (Hebreos 3:11) 

Céntrate en la bondad de tu Padre y sé lleno de fe 

¿Qué causó que a toda la generación que salió de Egipto le robaran su herencia prometida? Todos los doce espías vieron la misma tierra, los mismos gigantes, pero ¡qué contraste absoluto en los informes que trajeron de vuelta! Josué y Caleb tenían un espíritu diferente, un espíritu de fe (Números 14:24) y se centraron en las promesas y la bondad de Dios. Pero el resto se encogió de miedo y solo vio los gigantes y los desafíos en la tierra. Tenían buenas cualidades de liderazgo, pero todo fue negado porque tenían miedo. ¡El miedo los paralizó!

Hoy, sin importar cuán calamitosas puedan parecer tus circunstancias, elige enfocarte en la bondad de Dios. Elige ver cómo Cristo pagó el precio para que disfrutes del favor, la paz, la protección y la provisión inmerecida de Dios en cada área de tu vida. El miedo no te paralizará. En cambio ¡verás Su fidelidad y andarás en todas Sus bendiciones, experimentarás un año de Casa Llena! ¡Aleluya!

La obra consumada (Santa Cena) nos testifica que Su gracia es por nosotros 

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8) 

Aun cuando éramos pecadores, Dios nos amó y nos dio a Su Hijo para que muriera por nuestros pecados. En la cruz, nuestro Señor Jesús se hizo responsable de todos nuestros pecados como si Él fuera quien los cometió, convirtiéndolo en nuestro sustituto divino.

La ofrenda por el pecado, en el Antiguo Testamento, es una imagen de nuestro Señor Jesús tomando nuestro lugar en la cruz. Por tanto, como pecadores, calificamos para recibir la gracia de Dios a través de la obra consumada de Cristo en la cruz. Nuestro Señor Jesús no merecía morir nuestra muerte así como nosotros no merecemos vivir Su vida. Aunque merecemos el juicio como pecadores, obtenemos Su posición correcta ante Dios y Su vida de bendiciones y favor: ¡esta es la gracia de Dios hacia nosotros!

Podemos vivir una vida llena de favor, bendiciones y cercanía con Dios gracias al intercambio divino en la cruz. Somos salvos no por nuestras obras sino por la sangre de Jesús (Efesios 1:7). Cuando creemos en el amor de Dios y aceptamos la obra terminada de Jesús, somos salvos. Y cuando somos salvos, Su vida está en nosotros. Cada vez que venimos a recibir de la mesa del Señor, debemos creer en cuán amados somos.

Es necesario andar en unidad 

Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10) 

Ahora, para poder tener una Casa Llena como Iglesia, necesitamos vivir una vida de unidad. La iglesia de Corinto tenía múltiples problemas; sin embargo, la primera que el apóstol Pablo trató fue el problema de la división. Y es precisamente en eso que el enemigo trabaja para que la obra no avance.

Mira la importancia de la unidad, al punto que Pablo usa en su apelo el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Esa unidad tiene que ver con: hablar una misma cosa, tener una misma mente y un mismo parecer.

Que este año vivamos en unidad dentro de la célula, el discipulado, la red, como Radicales Libres. Vamos a caminar en unidad y así experimentaremos todo lo que Dios tiene para nosotros ¿Estás dispuesto?

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