La visión correcta para los niños

//Pra. Yadira Romero\\

Es una promesa del Señor

Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán” (Hechos 2:16-18)

La palabra de Dios dice que en los últimos tiempos el Señor derramaría de su Espíritu sobre toda carne y dice que nuestros hijos profetizarían. Cuando el profeta Joel hablaba de hijo e hijas se estaba refiriendo a la generación de nuestros niños. Eso nos tiene que llevar a entender como Iglesia que hay un gran mover reservado para esta generación de niños, y saben ¿Por qué?, porque estamos viviendo los últimos tiempos y si como Iglesia no entendemos eso, retrasaremos la venida del Señor, y en realidad lo que tenemos que hacer es apresurar su venida. Tenemos que ser una novia apasionada y una novia apasionada hace todo, adelanta la fecha para estar con el novio.

Ahora, en relación a que nuestros niños sean llenos del Espíritu, no tiene que ver con solo hablar en lenguas, profetizar o llorar en algún evento que hagamos, la voluntad de Dios es que ellos vivan eso, al igual que con nosotros los adultos, todos los días de su vida.

Simeón, un hombre con visión

Y en la Biblia hubo un hombre que anhelaba ver al mas grande mover de Dios sobre esta tierra y su deseo era tan grande que solo murió después de hacerlo. Ese hombre es Simeón, y su historia está registrada en el Evangelio de Lucas, donde nuestro Señor Jesús es mostrado como el “Hijo del hombre”. La verdad es que cada Evangelio revela un aspecto de nuestro Señor Jesús:

  • Mateo – como Rey
  • Marcos – como siervo
  • Lucas – hijo de hombre
  • Juan – hijo de Dios

Por tanto, no es casualidad que esté en ese Evangelio que se muestra eso, porque Lucas es el Evangelio que muestra la niñez de Jesús de forma más detallada. Él fue un niño que crecía en sabiduría, estatura y gracia para con Dios y con los hombres (Lucas 2:52). Y lo que podemos ver en la vida de Jesús, es que cuando era niño Él poco a poco fue conociendo la voluntad de Dios para Su vida.

Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él” (Lucas 2:25-33)

Entonces, Simeón nos enseña la actitud que debemos tener hacia los niños. La mirada que debemos tener hacia ellos. Él no vio al “niño” como un simple niño, el vio a Jesús como el Salvador. Y ahora nosotros tenemos que mirar a los niños, no como simples niños sino entender que ellos cargan sobre si un gran mover de Dios.

Llenos del Espíritu – llenos de una visión celestial

Otra cosa importante que vemos en este pasaje es que Simeón sólo pudo ver a Jesús de esa manera porque fue “movido por el Espíritu” (v.27). Cuán esencial es que seamos hombres y mujeres movidos por el Espíritu en todo lo que hagamos. Solo así podremos ver esta generación de niños de la manera como nuestro Dios los ve. Por tanto, cada día seamos llenos de Él.

Tenemos que tener fe

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1)

Porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7)

Solo con una visión de fe es que alguien puede ver a un bebe de 40 días como el Salvador del mundo. Yo creo que hay algo que caracteriza a toda mujer que trabaja en el ministerio con niños en nuestra Iglesia eso es FE, porque nosotras creemos más allá de lo que nuestros ojos ven, no vemos a esos niños como son ahora, los vemos en lo que se tornarán mas adelante y ese adelante está más cerca de lo que creemos, porque ellos serán grandemente usados no cuando crezcan sino serán usados HOY así niños, ellos serán llenos y manifestaran las obras de Dios. Y ese será nuestro más grande galardón.

Un trabajo de toda la Iglesia

Pero este no es solo una visión de fe del ministerio con niños, la iglesia toda tiene que estar involucrada y también tener esa fe, porque eso te lleva a involucrarte, sembrar y creer en lo que Dios hará en medio de nuestra generación de niños.

Transfiriendo un legado

“Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos” (Salmos 78:2-7)

La medida del éxito de nuestra vida como persona, como Iglesia, como ministerio no está en que sólo alcancemos cosas para nosotros, sino en que dejemos un legado a la siguiente generación y no es la responsabilidad de los niños anhelarlo, es responsabilidad de los mayores el poder transferirla.             Porque cuando ellos reciban ese legado, estaremos asegurando su generación y las que vendrán, porque ellos harán lo mismo.

Por ese motivo, es que debemos tener la disposición de ser usados por Dios para ser parte de un gran mover en la vida de nuestros hijos y niños. Y es interesante que la Palabra de Dios dice que Él “la mando a nuestros padres que la notifiquen a sus hijos…” por tanto, ese “trabajo” no corresponde solo a las mujeres, pastoras, líderes y maestras del Culto Kids, sino nos involucra a toda la Iglesia.

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