Las zorras pequeñas

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne” (Cantares 2:15)

Para entender mejor el mensaje de Dios para nosotros, a través de este versículo, tenemos que entender algunos aspectos:

  1. La planta de la vid 

Tenemos que ver que somos como una planta de vid. El Señor Jesús dice que Él es el tronco y nosotros las ramas. 

«Yo soy la vid,  vosotros los pámpanos;  el que permanece en mí y yo en él,  este lleva mucho fruto,  porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5)

Como ramas, en muchas áreas de nuestra vida, ya hemos dado buenos frutos, en otras estamos floreciendo y en otras estamos a punto de dar frutos. Por otro lado, la esterilidad en la Biblia está asociada a la maldición, nosotros fuimos plantados para dar frutos.

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16)

Nuestra naturaleza ha sido definida para dar frutos, los frutos glorifican a Dios.

“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8)

  1. El fruto del carácter

Los frutos hablan del carácter, el mismo que define quienes somos.

“Así podréis andar como es digno del Señor, agradándolo en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10) 

Es por esta razón que el Espíritu quiere desarrollar en nosotros “un fruto” que tiene que ver con carácter

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros” (Gálatas 5:22-26)

De nada sirve que nosotros podamos decir que somos miembros de esta iglesia o nos jactemos de hablar en lenguas o ver visiones, si no mostramos frutos, pues seríamos como los fariseos que se jactaban de ser hijos de Abraham, pero que no lo demostraban.

“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (Mateo 3:8-9)

Me gustaría que leyéramos en nuestras Biblias en Mateo 7:19-20: 

“Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que por sus frutos los conoceréis”

La Biblia nos expresa que por sus frutos los conoceríamos, es decir, no hay forma de conocer a alguien si no es a través de sus frutos, en este caso, por su carácter, es decir, por lo que esta persona manifiesta, no basta solo con decir, sino es necesario manifestar.

Cuando la Biblia dice que todo árbol que no da fruto es cortado y echado al fuego no habla acerca del infierno, parece que a los cristianos les obsesiona asociar la palabra fuego con infierno, cuando en realidad el fuego habla de juicio, por ejemplo, cuando dice que nuestras obras serán pasadas por fuego habla de juicio y el cortar puede estar asociado a propósito, razón de vida, responsabilidad delegada, etc.

Un árbol que no da frutos no sirve, solo para leña, solo piénsenlo, no es razonable tener un árbol de manzanas que no produce manzanas, es mejor cortarla ¿de qué sirve ser un hijo de Dios y no dar frutos como tal? eso no sirve. Entonces nuestra labor es dar frutos, frutos y frutos.

Algo importante es que los frutos en la Biblia también nos hablan de las personas que ganamos para Cristo. Las personas ganadas para Cristo son frutos para vida eterna.

“Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores” (Juan 4:36-38)

  1. Llamados a dar frutos 

No solo debemos dar frutos ¡estamos llamados a dar frutos! Una cosa es entender que nuestra condición nos permite dar frutos, estamos para eso, pero también estamos llamados, es decir, tenemos el encargo de dar frutos, esa es nuestra responsabilidad.

“El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero” (2 Timoteo 2:6) 

Otro ejemplo de este principio es el trigo, nos habla de la renuncia para dar fruto, es decir, morir.

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. 25El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:24-25)

Jesús siempre nos insta a dar frutos. Esto lo podemos ver cuando se encontró con la higuera, quien debía dar frutos aun cuando naturalmente no era tiempo, esto habla de disposición para producir frutos en todo momento.

“Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos” (Marcos 11:12-14)

“Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga” (Marcos 4:8-9) 

Los enemigos de la vina

Las viñas tienen enemigos muy peligrosos, “las zorras” y estas son de dos tipos:

Las grandes

Las grandes, por su tamaño, destruyen directamente los frutos. Ellas cogen los racimos y se los comen, su objetivo son los frutos. Una forma de entender esto es que estas zorras grandes representan los pecados visibles, pues muchos grandes hombres y mujeres de Dios se levantan, dan frutos en toda área, pero no tienen el cuidado necesario de esos frutos y las zorras arrancan esos frutos, entonces se convierten en plantas que no tienen nada que ofrecer, acabaron con lo que lograron.

Las pequeñas

Las zorras pequeñas causan, muchas veces, mayor daño. Esto sucede, porque, por su tamaño no pueden alcanzar los frutos y deciden romper las ramas y al hacerlo rompen el nexo con la sabia, es decir, los vínculos con Cristo. Esta planta no dará frutos porque las ramas que están a punto de dar fruto son rotas, estaban floreciendo, pero no llegarán a dar fruto. A estas zorras no se les presta mucha atención porque parecen que no son importantes o muy peligrosas, pero destruyen nuestra vida y nos impiden dar frutos, por eso debemos cazarlas

¿Cuáles son esas zorras pequeñas? Es necesario identificarlas en nuestras vidas. Pueden ser: 

Miedo 

El miedo es sutil, parece una emoción normal, pero te lleva a la desconfianza, a la justicia propia, al merecimiento, a desconocer el amor de Dios por ti.

Indiferencia

Esta condición es peligrosa porque no nos permite tener encargo, solo vemos nuestra condición. Aparecen argumentos en nuestra mente como: “Bueno, no di frutos ¿qué se puede hacer?” Esto, en realidad, es justicia propia, te desliga de Cristo, porque el Señor nos dio propósito de vida, ser luz, ser sal en este mundo, ser ministro de la reconciliación, anunciador de las buenas nuevas, pero la indiferencia nos lleva a desconocer el propósito de Cristo en nuestra vida. Indiferencia con la obra, con las necesidades eclesiales, etc.

Me alienta mucho cuando hermanos preguntan cómo está saliendo adelante la iglesia en medio de estas condiciones, cómo están los pastores, pero es tan terrible y triste cuando escucho de miembros que dicen: “Ahora pues, que los pastores trabajen” amados hermanos, se elogia el desvelo, trabajo y esfuerzo de los bomberos, pero no se le reconoce lo mismo a los pastores, se elogia el sacrificio de los médicos que van, muchas veces a domicilio, a atender enfermos, pero no se reconoce que muchas veces los pastores hacen lo mismo, se agradece los servicios de psicólogos cuando acudes a sus consultorios, pero muchos no hacen lo mismo al considerar la disponibilidad de tus pastores cuando te reciben en su oficina para atender, se elogia a quienes dejan todo para hacer una obra de caridad, pero no sucede lo mismo cuando pastores dejan todo para responder a una mayor obra. Obviamente, estoy hablando de manera general en medio de la iglesia cristiana, gracias a Dios, Él nos ha concedido tener miembros que no están en este grupo o que reproducen estas actitudes.

Conformismo

Esto es no hacer nada para dar frutos en cada área de nuestra vida. Entras en un estado de contentamiento con lo poco que has logrado, de manera negativa, es decir no tienes expectativa en Dios, ni en el cumplimiento de su propósito, es decir, no le crees, no tienes mayores esperanzas. Es más, tal vez ya se perdió el interés si Cristo viene ya o no.

Superficialidad

Creemos firmemente que debe haber más que esto, cosas mayores, no creo que solo sea esto, pues esto solo es el comienzo. El próximo domingo tengo de parte de Dios compartir acerca de las tres preguntas que los discípulos le hicieron al Señor acerca del fin.

Religiosidad

Esto se evidencia al mostrar contentamiento con prácticas religiosas o rutinas religiosas y creer, incluso, que estas son lo más importantes. No tiene sentido ser un hombre “espiritual” y no dar frutos en carácter y en personas, hablar en lenguas, tener visiones y no dar frutos en carácter y en personas, eso el legalismo, eso es religión. 

Orgullo 

El orgullo está asociado a la vanidad, siempre somos más que otros, sabemos más que otros, pero no hay frutos. Esas zorras pequeñas están destruyendo las ramas en flor para que no de frutos.

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