Llamados para ser felices

[sc_embed_player_template1 fileurl=”https://iglesialavid.org/audios/mp3/230515j7_Pr_DAVID_MALPARTIDA.mp3″]

//Pr. David Malpartida\\

descargaMuchas personas se preguntan cuál es el secreto para ser exitosos y para llegar a alcanzar la grandeza en Dios.
¿Tú eres feliz sirviendo a Dios? ¿Eres feliz en las cosas que haces, eres feliz aun cuando estas en medio de los problemas?
Muchos vemos que servir a Dios es un sacrificio, que hay que pagar un alto precio para agradar a Dios.
Cuando hacemos alguna cosa con tanto agrado, todo lo demás pasa a ser disfrute, ya no es más un sacrificio. Todo pasa a ser un deleite.
La Biblia dice que si no servimos a Dios con alegría, es fatal. En este texto las personas servían a Dios, pero no lo hacían con alegría. La obediencia para ellos era algo infeliz.
Seamos desafiados a servir a Dios con alegría.
Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo (Salmos 100:2)
De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días (Salmos 90:14)
La voluntad de Dios es que nosotros podamos experimentar la alegría de Dios todos los días de nuestras vidas.
Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre (Salmos 16:11).
No estamos hablando de la felicidad del pecado, porque el pecado es pasajero y no permanece.
Existe un anhelo en nuestra alma que es más allá de este mundo, esa es una prueba de que este mundo no es nuestro lugar. Esta patria no es nuestra, hay algo mejor para nosotros. Nosotros pertenecemos a Dios, nuestra felicidad está en Dios.
Dios te llamó para ser un canal en donde estás. Ya pasó el tiempo de aquella época en que misioneros venían con malas noticias, pasando necesidades. Las personas tenían pena y dolor por ellos, porque mostraban lo infelices que eran sirviendo a Dios. Sin embargo eso ya pasó, hoy nosotros podemos ser felices sirviendo a nuestro Dios. Podemos testificar que somos felices siendo instrumentos en las manos de Dios.
Tres afirmaciones al respecto de la felicidad:
1. Felicidad es un mandamiento. No tenemos alternativa, no tenemos opción, tú fuiste creado para ser feliz, experimentar alegría en la presencia de Dios.
Nosotros estamos destinados para una vida abundante por causa del sacrificio de Cristo.
Alegraos en Jehová y gozaos, justos; y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón (Salmos 32:11).
Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón (Salmos 37:4).
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! (Filipenses 4:4)
2. Al alegrarnos estamos cumpliendo los mandamientos de nuestro Dios. Cuando nos alegramos en Dios, no tenemos problemas en obedecer a Dios. La felicidad genera obediencia, solo aquel que vive feliz en Dios, puede decir no al pecado. Cuando probamos de la vida plena del Señor, vencemos el pecado. Estamos aquí para disfrutar del amor de nuestro Dios.
Todas las personas buscan en este mundo la felicidad, pero no encuentran ese placer; sin embargo nosotros si podemos alcanzar aquello que todo el mundo busca. Las personas nunca van a ser felices viviendo una vida de pecado.
No te detengas de seguir buscando de Dios, hay mucho más de parte de Dios para nuestras vidas. Y así vamos a quedar sorprendidos por la gracia de Dios.
Nuestro Dios es como un océano que llena toda la tierra, hay mucho más para experimentar de Dios.

3. Obedecer sin tener alegría es pecado. La gloria de Dios es hacernos felices de cada uno de nosotros, los mandamientos de Dios fue puesto para hacernos felices y no para vivir apenados. Dios quería que nosotros podamos tener una sonrisa de alegría. No sirve de nada servir a Dios siendo infelices, Dios no quiere un ejército de infelices haciendo su obra.
Muchos se preguntan: ¿yo debo obedecer si no siento alegría? Sí, pero no es lo mejor. Debemos orar para que Dios pueda incendiar nuestro corazón, porque muchos de nosotros tenemos un corazón indiferente, por eso no sentimos alegría en obedecer.
El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón (Salmos 40:8).
Cuantos de nosotros sentimos placer en obedecer a Dios. Nosotros solo venceremos el mundo y el pecado cuando vivamos con alegría.
En la época de los romanos, los cristianos eran perseguidos y eran puestos en el coliseo romano para pelear contra los leones, sin embargo la historia cuenta que ellos entraban cantando con alegría a Dios. Realmente cuantos de nosotros estamos satisfechos completamente con Dios.
Tiene que haber una alegría genuina y toda hipocresía tiene que ser removida. Las personas del mundo no consiguen encontrar aquello que tenemos en Dios.
Aquello que el mundo ofrece es una pérdida, pero lo que Dios ofrece es una verdadera ganancia.
Cinco cosas que debemos hacer para ser felices:
1. Reconoce que tú necesitas de Él. Una necesidad absoluta, muchos somos engañados y buscamos cosas en esta vida. Todo lo que necesitamos en la vida es la presencia de Dios.
El hombre de Dios siente placer en la presencia de Dios. El arrogante piensa que puede conquistar todo sin depender de Dios. La persona que vive necesitada de Dios vive diciendo Señor yo necesito de ti.
2. Disfruta del Señor realmente. La persona que viene delante de Dios por obligación, la verdad muestra una actitud como diciendo estoy aquí, puedes disfrutar. Eso es orgullo, y eso impide de ser tocados por Dios. Cuando vamos con un corazón hambriento de recibir de Dios, realmente honra a Dios.
Aquello que nos da placer, saca de nuestra boca alabanza. El verdadero adorador es aquella persona que muestra su carencia de Dios y no tiene alguna cosa para ofrecer.
3. Dispóngase a servir. Si queremos que la alegría del cielo venga sobre nosotros, debemos disponernos a servir. La verdadera bendición es para aquel que sirve.
4. No se apegue a las cosas. No te apegues al dinero como muchos en este mundo viven, solo la presencia maravillosa puede llenar nuestro corazón. Una vez un hermano contó que ofrendó 400 000 dólares para que otras personas puedan ser felices. Personas que son generosas bendiciendo a otros, ellos sienten alegría.
5. No se olvide de las cosas del cielo. En este mundo a veces sufrimos algunas circunstancias. Pero siempre debemos recordar de la recompensa del cielo.
Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres (1 Cor.15:19).
Nuestra felicidad no debe estar limitada solo a esta vida. Hay una felicidad aun mayor que nos está esperando en el cielo.
Estamos aquí para experimentar la presencia de Dios juntos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio