Profetas en tiempo de Pandemia

//Pr. Luis A. Núñez\\

LA CAÍDA DEL HOMBRE 

“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17)

Más de una vez concluimos en que esta muerte se refiere a la separación del hombre de Dios, el momento en que el hombre perdió la vida de Dios y como consecuencia ya no podía tener comunión con Él y se convertiría en un ser natural. Hay un dicho que dice que tu eres lo que comes y esto es verdad, pues esta basado en el principio de que todo lo que comes pasa a ser parte de ti, los nutrientes que ingieres pasan a ser parte de ti. Basado en ese principio es que la Biblia relaciona muchas cosas importantes al acto de comer, por ejemplo, cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto, Dios le dio pan del cielo para que coma (Maná), este pan era la representación de Cristo. Otro caso es cuando les otorgó la ley y les ordenó que no comieran ciertos animales considerados inmundos, siempre para hacerles ver que su deseo era que no estén contaminados, con algo que les destruiría.

“Y apartarás el pecho de la ofrenda mecida, y la espaldilla de la ofrenda elevada, lo que fue mecido y lo que fue elevado del carnero de las consagraciones de Aarón y de sus hijos” (Éxodo 29:27)

El sacerdote podía comer de la ofrenda mecida y alzada, que era la representación de la Cruz de Cristo. El pecho, que apunta para el corazón y el amor y la espaldilla que representa la parte fuerte, el poder. Es decir, los sacerdotes de este tiempo (tu y yo) podemos comer y hacer parte de nosotros al amor (gracia) y al poder de la obra de Cristo en la cruz.

Cuando el hombre cayó y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, hizo parte de si a esa naturaleza de vida, que se caracteriza por la independencia de Dios. Se volvió en un ser natural y ahora toda propuesta de Dios, toda palabra de Dios dejó de ser su dirección, ahora el destino de su vida era definido por su razón, por su lógica, esa es la naturaleza del hombre. Esto se manifestó una vez más en el desierto, ellos rechazaron el pan del cielo y ahora querían algo más, así que murmuraron, querían codornices (aves).

Observa algo:

“Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento” (Éxodo 16:13)

No hay en este momento una versión de que estas aves fueron colocadas en bandeja, solo dice que cubrieron el campamento, pero el pan estaba para recoger. Probablemente no era nada fácil atrapar a estas aves, porque en Números 11, se nos muestra que ellos lloraban por carne y Dios hizo esta vez que aves cayeran al piso por millares, de manera que ellos las recogían, por montones. Estas aves representas el deseo del hombre por conseguir algo en su esfuerzo, en su lógica, en su razón, algo totalmente diferente a recoger lo que descendía del cielo, que es la expresión de la fe, la dependencia de Dios, la confianza en Dios.

LAS PALABRAS DE FE TIENEN PODER

Es importante no hablar palabras negativas y de maldición, pero aún más importante es hablar palabras de bendición. Necesitamos hablar palabras de bendición sobre nuestros hijos, nuestra familia y nuestras circunstancias. Etimológicamente la palabra bendición viene de bien decir o decir bien, por lo tanto, maldecir viene de decir mal.

Necesitamos sembrar palabras de fe, por eso el Señor, en la parábola del buen sembrador, compara la palabra como una semilla que produce. El Señor Jesús le habló a la higuera y esta se secó, le habló a los demonios y estos fueron expulsados, le habló al mar y este se calmó. Él hablaba con cosas inanimadas y expresaba autoridad sobre los demonios, de la misma forma, también nosotros necesitamos hablar a nuestras circunstancias y al mundo espiritual con autoridad. Cuando hablamos, nuestra fe se libera y las circunstancias cambian. Cuando el diablo te amenaza y te dice que morirás, puedes responder con autoridad que con certeza vivirás. Tu palabra prevalece porque tú eres un sacerdote y fuiste llamado para definir decretos ¿Por qué? porque esa posición y poder lo consiguió Cristo y nos lo delegó a nosotros.

Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:13-15)

 Todo lo que somos y tenemos es gracias a que Cristo lo consiguió para nosotros. El problema ocurre cuando el sacerdote está en silencio, entonces solo se escucha la palabra del enemigo. Necesitamos ejercer nuestro sacerdocio hablando y declarando la voluntad de Dios.  NUESTRA FE SE LIBERA A TRAVÉS DE NUESTRAS PALABRAS  Pablo dice en 2 Corintios 4:13:  “Y por lo tanto tenemos el mismo espíritu de fe, como está escrito: creo; Por eso lo dije. Nosotros creemos también; por eso también hablamos» Tenemos ese mismo espíritu de fe. Debemos creer que tenemos la posición de reyes y sacerdotes y que cuando liberamos la Palabra, el poder de Dios se manifiesta. Este espíritu de fe también se llama espíritu de profecía. Por eso con autoridad podemos expresar aquello que el apóstol Pablo declaró versículos antes: “que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”(2 Corintios 4:8-9)  En esto debemos creer y también hablar, debes creer y hablar lo que eres en Crsito.  EL ESPÍRITU DE PROFECÍA Como ministros de la gracia, ministros del nuevo pacto, tenemos un espíritu profético sobre nosotros, podemos hablar antes que las cosas sucedan para que sucedan. La Palabra de Dios dice que el espíritu de profecía es el testimonio de Jesús. “Oh me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Apocalipsis 19:10) En el original griego, la palabra “retienen” también significa poseer o conectar. Esto significa que el espíritu de profecía siempre centra, conecta o apunta al Señor Jesús. Es decir, el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía que lo tienen los hermanos y que conecta con Cristo, o lleva a Cristo. Cuando hablamos del espíritu de profecía no estamos haciendo referencia a ese concepto pentecostal de profecía donde uno se levanta y dice: ¡Así dice el Señor!  Porque tienes el testimonio de Cristo en ti es que ahora hablas, porque conoces el corazón de Dios, conoces la Palabra de Dios y puedes declarar las cosas antes de que sucedan. Puedes decir: Seré un hombre próspero por la gracia de Dios, porque el favor de Dios está sobre mí, hoy experimentaré su favor, su provisión estará conmigo. Puedes traer a existencia lo que fue determinado, pero aun no existe. Recuerda que la fe es llamar a las cosas que no son como si fueran.  PROFETAS DEL NUEVO Y ANTIGUO TESTAMENTO El espíritu de profecía está sobre cada creyente, es lo que dice Apocalipsis. Hoy tenemos sobre nosotros el espíritu de profecía según el Nuevo Testamento. Elías era un profeta del Antiguo Testamento y la Biblia narra una circunstancia donde podemos ver un principio maravilloso que hoy avala nuestra posición como profetas del Nuevo Testamento.  En 1 Reyes 17:1 dice: Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra”. La Biblia dice que Elías expresó simplemente que no habría lluvia, aclaró que era por su palabra y así fue, pues durante tres años según su palabra no hubo lluvia. Sin embargo, en 1 Reyes 18.1, 41-45, la Biblia nos muestra que Elías comenzó a orar angustiosamente, de rodillas y con el rostro en tierra. Después de la gran victoria en el monte Carmelo, cuando los profetas de Baal fueron derrotados, Elías tuvo que orar fervientemente para que lloviera ¿Por qué? Porque es probable que para él fuera más fácil creer en la maldición y no así en la bendición. Elías necesitaba orar fervientemente para creer que la bendición llegaría. Es interesante notar, que para proclamar la maldición de la sequía expresó con toda seguridad que así seria, pero para proclamar la bendición de la lluvia entró en angustia, tenia mas fe para creer en la maldición que para creer en la bendición ¿Por qué? Porque era un profeta del Antiguo Testamento y ellos estaban acostumbrados a anunciar calamidades, juicio y condenación. Esto sucedía porque el pueblo siempre fallaba, siempre se desviaba y no cumplía la ley. Ahora veamos lo siguiente: 

“Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto” (Santiago 5:17-18)

Por favor observa estos detalles en la Biblia, 1 reyes 17:1 dice que Elías simplemente dijo que conforme a su palabra no llovería y no llovió y luego dice en 1 Reyes 18:43-45 que clamó de rodillas varias veces y cayó lluvia, sin embargo, en Santiago describe los hechos al revés, dice que oró fervientemente y no llovió, cuando en el Antiguo Testamento dice que Elías solo expresó que no llovería y además dice que solo oró y llovió, cuando la realidad mostrada en el Antiguo Testamento dice que gimió y clamó ¿Cómo es eso? es la manera como Dios ve este acontecimiento, es decir, Elías era un profeta del Antiguo Testamento y como tal, él profetizaba de acuerdo al pacto en el que vivía y esta era la condenación de la ley. Aunque él profetizó conforme a su propia palabra, la verdad es que él profetizó de acuerdo a lo que la ley establecía. ¿Cómo explicar esto? La forma cómo Dios ve es muy diferente a la forma en la que vemos nosotros. Para Dios, la simple declaración de Elías de que no llovería fue una oración intensa. Aunque para nosotros solo nos parece una simple oración, para Dios es poderosa. ¿Por qué? Porque Elías declaró que no llovería basándose en el hecho que sabía que Dios condenaba la idolatría del pueblo. Él acababa de decir lo que está en Deuteronomio 28:24 (lloverá polvo). Ahora, según Santiago, la oración de Elías, una simple declaración, fue una oración intensa, pero él solo oró de acuerdo con el pacto, habló conforme a lo que él representaba, profeta del antiguo pacto y Dios avaló lo que dijo.  A través de este mismo principio, hoy cuando declaramos la verdad del Nuevo Pacto, el Señor viene a confirmar nuestra palabra. En el antiguo pacto los profetas tenían que hablar conforme al pacto en el que estaban, por eso todas sus palabras eran de maldición y de condenación, pero en el nuevo pacto somos bendición, Cristo se hizo maldición para que nosotros seamos bendición. Entonces las palabras que salen de nuestra boca, conforme a su palabra, son de bendición y Dios avala lo que decimos, lo que declaramos conforme al nuevo pacto.  Veamos, algunas diferencias entre los profetas del antiguo pacto y los del nuevo: –          Un profeta del Antiguo Testamento trae los pecados a su memoria, pero el profeta del Nuevo Testamento recuerda la justicia de Cristo sobre nosotros. –          Un profeta del Antiguo Testamento habla desde el monte Sinaí (ley), pero el profeta del Nuevo Testamento habla desde el monte Sión (gracia). –          Un profeta del Antiguo Testamento declara que Dios no olvida nuestro pecado, sino que visita la iniquidad de los padres en sus hijos, hasta la tercera y cuarta generación, pero el profeta del Nuevo Testamento declara que Dios no recuerda mas nuestros pecados, porque ya han sido clavados en la cruz. Si estamos en el nuevo pacto, los profetas del Nuevo Testamento ya no pueden hablar de acuerdo al antiguo pacto. Hoy hablamos de vida y perdón, no de condenación y muerte. La profecía del Nuevo Testamento también tiene un elemento predictivo, pero el espíritu es diferente, Si no tenemos el espíritu correcto, la profecía será una mezcla donde se evidencie la ley. Tú pones tu mano sobre las personas y declaras que son amadas por el Señor, pero si luego declaras que el juicio de Dios vendrá sobre ellos a causa de algún pecado esto es mezclar, no es correcto. Juan el bautista vino en el espíritu y el poder de Elías y el Señor Jesús dijo que el más pequeño en el Reino hoy es más grande que Juan el bautista, es decir, el más pequeño hoy es más grande que todos los profetas del Antiguo Testamento (Lucas 7:28).

“Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él”

  El Señor Jesús dijo que Juan el Bautista fue el más grande de los profetas, incluso mayor que Elías ¿Por qué? porque señaló directamente al Señor (el que viene detrás de mi, he aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo). Nos convertimos en grandes profetas cuando señalamos al Señor, nuestro hablar esta basado en la obra consumada de Cristo. Fuimos llamados para declarar bendición, en nuestras vidas y sobre la vida de otros. Estos son tiempos de hablar conforme al pacto en el que vivimos, es decir, son tiempos de declarar salvación en medio de este mundo. Este es un tiempo de intimidación por parte del maligno, pero es momento de levantarnos con voces proféticas del nuevo pacto, para hablar conforme a la obra consumada de Cristo. Observa como se cumple esto en la historia de David, tú sabes que David muchas veces es una tipología de los hijos de Dios, así como de Cristo:

“Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos” (1 Samuel 17:44-47)

 El diablo siempre intimidará, frente a esto, David dice: “te venceré, te cortaré la cabeza, porque Jehová es poderoso y de Él es la batalla”, en otras palabras, él declara el testimonio de Dios y con base en ese testimonio, declara que vencería a Goliat. Es por el testimonio de Cristo, de la posición que Él consiguió para nosotros, que ahora declaramos en Él lo que somos y tenemos. Toda profecía debe ser expresada conforme al pacto al que perteneces y Dios avala eso. Tú eres profeta del nuevo pacto, entonces todo lo que hables conforme a este pacto será avalado por Dios, por eso puedes liberar palabras de bendición, de fe y de restauración, sobre la vida de tu hermano, de tu familia, por eso estos días podemos liberar palabras de bendición sobre los inconversos, proclamando que serán salvos, podemos proclamar palabras de bendición sobre la iglesia ¡Aleluya! No te puedes quedar callado, tienes que hablar, proclamar. Elías nos recuerda a Juan el Bautista, pero Eliseo tipifica al Señor Jesús. De hecho, el nombre Eliseo en hebreo es Eliysha, que significa Dios es salvación, un sentido similar al nombre de Jesús, que significa Jehová es salvación. Todos los milagros de Eliseo, excepto uno, son milagros de gracia, de la misma forma, todos los milagros del Señor son gratuitos, excepto la maldición de la higuera. Por otro lado, todos los milagros de Elías son de juicio. La primera vez que aparece, decreta tres años de sequía en Israel debido al pecado del pueblo. Elías tipifica el juicio, mientras que Eliseo tipifica la gracia del Señor. Así como Juan el Bautista precedió al Señor, Elías vino antes que Eliseo. Elías vivió una vida de ascetismo, aislado en el desierto, vestido con piel de camello y cabello largo. Eliseo, por el contrario, era un profeta accesible, ministró entre leprosos, viudas, reyes y soldados. La profecía del Nuevo Testamento necesita ser filtrada por la cruz. Nunca podemos decirle a un hijo de Dios que sus pecados fueron recordados por Dios. No podemos tolerar a las personas que quieren parecer profetas a expensas de la condena del pueblo de Dios. Debemos rechazar toda profecía que no tenga el espíritu del nuevo pacto. Muchos de los llamados profetas solo declaran muerte y condenación, pero el Señor está levantando una nueva generación que profetizará de acuerdo con la verdad actual del nuevo pacto. En el Antiguo Testamento, todos los profetas que profetizaban cosas buenas eran falsos profetas, por la sencilla razón de que no había cumplimiento del pacto entre la gente. El Señor aún no había muerto por los pecados, por lo que la condenación estaba sobre ellos. Es por eso que en el Antiguo Testamento la profecía era negativa, pero ahora es positiva. Hoy una profecía negativa es una profecía falsa.   Cuando Elías se paró ante el rey Acab, dijo que no llovería durante tres años según su palabra, no dijo según la Palabra de Dios, sino según su propia palabra. El pueblo de Israel vivió bajo la idolatría de Baal, eso permitió que Elías pudiera declarar el juicio sin siquiera tener que escuchar al Señor, porque ese era el pacto vigente en ese momento, si caían en la idolatría, la maldición vendría sobre ellos. Elías significa que el Señor es Dios, es un tipo del profeta del Antiguo Testamento, mientras Eliseo significa que Dios es salvador, este sucedió a Elías y es un tipo del profeta del Nuevo Testamento. Cuando no entendemos esta diferencia, las personas se ponen de pie con todo tipo de mensajes proféticos completamente fuera del nuevo pacto. Los profetas siempre hablan de acuerdo al pacto vigente. Si estamos en el nuevo pacto, los profetas del Nuevo Testamento ya no pueden hablar de acuerdo con el antiguo pacto. Hoy hablamos de vida y perdón, no de condenación y muerte.

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