Transformado de gloria en gloria

//Pr. Líbano Gamarra\\

2 Corintios 3:7-18 (PDT)

Muchos cristianos se sienten derrotados porque no pueden vivir en santidad ¿Se esfuerzan por crecer espiritualmente así como se esforzaba el apóstol Pablo?

“¡Eso es terrible! ¿Quién me salvará de este cuerpo que me causa muerte?” (Romanos 7:24 PDT)

El propósito de Dios es transformarnos hasta llegar a tener la imagen de Jesucristo.
Esa transformación comienza aquí en la tierra y terminará al resucitar o cuando veamos a Jesucristo. Esto nos indica que, la transformación es un proceso continuo y progresivo. (1Corintios 15:52-55, 1 Juan 3:2).

El rostro de Moisés brillaba pues él estaba cerca a Dios, tenía comunión con Él y reflejaba su presencia. Muchos tienen todavía un velo que no les permite ver, disfrutar de la presencia de Dios, pero cuando alguno se vuelve al Señor el velo es quitado. Ahora bien, el Señor es el Espíritu y donde está el Espíritu del Señor hay libertad y seremos transformados a la misma imagen del Señor (2Corintios 3:17-18).

El primer pacto mediado por Moisés y el segundo pacto mediado por Jesucristo

El Apóstol Pablo comparaba el Antiguo Pacto con el Nuevo Pacto y ponía de manifiesto la superioridad del segundo sobre el primero. El hijo de Dios, la segunda persona de la trinidad, pertenece al segundo pacto, el Enmanuel, Dios con nosotros (Isaías 7:14).

El primer pacto era incapaz de santificar a los hombres por medio de las obras de la ley. Ningún hombre puede alcanzar salvación, nadie puede cumplir la ley, por ende, no puede alcanzar la santificación y esto nos debe llevar a la persona de Jesús, solo el Señor nos puede salvar, porque sólo él ha podido cumplir la ley, solo Cristo nos santifica. El Pacto de la Gracia es un Pacto de mayor gloria. Moisés tuvo la oportunidad de ver de cierta manera la Gloria de Dios y la vio de tal forma que Moisés experimentó incluso una cierta transformación de su rostro que reflejaba dicha Gloria, pero en la medida que pasaba el tiempo, el reflejo de la gloria de Dios en el rostro de Moisés desapareció, pues era una gloria pasajera, efímera.

El hombre natural no tiene el Espíritu, por ende no discierne las cosas de Dios (1 Corintios 2:14). No puede entender las cosas de Dios, no tiene revelación, solo Cristo ha sido capaz de rasgar el velo. Nunca olviden que donde está el Espíritu del Señor hay libertad, todos nosotros con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la Gloria del Señor estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria como por el Señor.

Proceso de transformación

Tenemos que remontarnos a la creación de Adán y Eva, quienes tenían la posibilidad, tenían la habilidad y el derecho de escoger entre el bien y el mal; a partir de la caída de Adán y Eva, quienes eran portadores de la imagen de Dios, el pecado pasó a ser parte de su naturaleza, pero Jesucristo nos liberta de la oscuridad, de la dureza del corazón, de toda clase de esclavitud (Lucas 4:18), pero aunque el día en que Cristo llega a nuestra vida nos da libertad, todavía tengo conmigo patrones pecaminosos, permanecemos todavía con ciertas ataduras en nuestras vidas.  

Quisiera compartir un ejemplo: Estás en una celda, Cristo viene, toma la llave, abre la puerta, la abre de par en par y te dice: “Ahora que eres mi hijo eres libre, puedes salir, ya eres libre”, pero resulta que como tienes tantos años en dicha celda, la celda es lo único conocido para ti, lo que está allá afuera es completamente desconocido y decides permanecer en la celda. Poco a poco sales de la celda, obviamente te da temor y vuelves para adentro, así hacemos nosotros en ocasiones, hasta que decido creerle a Cristo que me hizo libre totalmente y no vuelvo atrás. Ya no quiero estar esclavizado a temores que comenzaron en el jardín del Edén.

El Espíritu de Dios mora ahora en nosotros, somos libres y estamos siendo transformados de gloria en gloria. Pablo nos explica, que ahora que todos somos libres en Cristo, tenemos una ventaja, el velo ha sido quitado en Cristo, de tal manera que ahora podemos entender la revelación de Dios y comenzamos a cumplir las obras de la ley (Gálatas 5:22-23), nosotros queremos complacer a nuestro Dios.

Contemplamos la Gloria del Señor en la persona de Cristo, nosotros comenzamos a ver la gloria de la gracia de Dios, que es capaz de perdonar el peor de los pecados y al peor de los hombres. No hay pecado, ni conjunto de pecados, que puedan debilitar la gracia de Dios. Al contemplar al Señor yo soy transformado. Yo no puedo ser santificado sin leer, estudiar, reflexionar, escudriñar continuamente las escrituras (2 Timoteo 1:6-7), la Palabra de Dios aviva el fuego que está en mi.

Cuando llegue Jesucristo seremos semejantes a Él, seremos tranformados a la misma imagen de Cristo, la Palabra dice que seremos como Él. Cuando termine la transformación por completo, entonces seremos glorificados.

Dios es quien hace la obra, pero no quisiera que entiendan que nuestro rol en la santificación es completamente pasivo, porque estaríamos desmintiendo la misma revelación bíblica. La transformación depende de que miremos y reflejemos, si no estamos dispuestos a expresar la Gloria de Dios, no seremos transformados, no porque Dios no quiera, sino porque nosotros lo impedimos.

“Por tanto, no desmayemos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16)

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1 comentario en “Transformado de gloria en gloria”

  1. Dios los bendiga hoy me toca compartir por primera vez la palabra y le pedí dirección a Dios para que me orientará a lo que debo predicar y me habló claramente que era está y gloria a Dios porque Dios va a mostrar su gloria hoy con este tema Dios les bendiga siempre ?

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