//Pr. Eliud Cervantes\\
La gracia te da la fuerza para reinar sobre cada pecado y adicción sin esfuerzo
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente” (Gálatas 1:6)
Estos fines de semana vimos que en Cristo Jesús somos nuevas criaturas y el pecado no tiene más dominio sobre nosotros. Pero para permanecer en esa vida victoriosa, necesitamos permanecer en Su gracia. Y el apóstol Pablo deja en claro que cualquier cosa que no sea la gracia de Dios es un evangelio diferente.
“Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1 Corintios 15:56)
Ahora, ¿por qué hay muerte? Porque hay pecado. ¿Por qué hay pecado? Porque la fuerza del pecado es la ley, y según la ley, nuestros mejores esfuerzos para cambiar o detener un mal hábito siguen siendo insuficientes. Pero bajo la gracia, nuestra parte es descansar y recibir todo lo que la obra consumada de Jesús ha hecho por nosotros.
Y es que cuando descansamos, Él trabaja, porque ya se ha terminado la obra, se ha pagado el precio y por eso hoy, como creyentes, oramos y luchamos desde la victoria que Cristo ya obtuvo por nosotros; por tanto, enfrenta tus retos sabiendo que ya tienes la victoria.
“Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia” (Romanos 5:17)
Aquí la Palabra de Dios nos muestra que la justicia no es una recompensa, sino un regalo. Y la mejor manera de honrar lo que el Señor Jesús hizo en la cruz al convertirse en tu pecado es mantenerte erguido y reconocer el hecho de que eres justo en Él.
Porque cuando crees y confiesas: “Yo soy la justicia de Dios en Cristo”, recibes estos dos dones: la abundancia de la gracia y el don de la justicia. Y la clave para reinar en vida es recibir la abundancia de la gracia de Dios y su don de Justicia.
Cuando reinas en vida, el diablo no lo hace. Cuando reinas en vida, tus adicciones no la hacen. Cuando reinas en vida, tus malos hábitos no te dominarán. Es por eso, que el diablo intentará atacar esta enseñanza sobre la abundancia de la gracia y el don de la justicia porque sabe que cuando lo recibes, reinarás en vida.
Pero cuando intentas con tus propios esfuerzos y fuerza de voluntad dejar el hábito solo resultará en fracaso una y otra vez. Más cuando comienzas a creer y a confesar tu justicia en Cristo incluso en medio de tu lucha, comienzas a ver que la gracia de Dios transforma esa área de tu vida sin esfuerzo.
Es un error pensar que creer en la justicia por la fe dará a las personas la licencia para pecar. El apóstol Pablo deja en claro que al nacer de nuevo en Cristo y estar muertos al pecado, es imposible que continuemos con un estilo de vida de pecado (Romanos 6:1–2).
El verdadero cambio ocurre desde adentro. El evangelio no se trata de modificar la conducta, se trata de la transformación del corazón. Y es la gracia, y no la ley, que nos da el poder para vencer todo pecado y nos transforma de dentro hacia afuera.
Concéntrate en Su gracia, no en tus fracasos
Y tan importante es para nosotros predicar el evangelio de la gracia que el apóstol Pablo pronunció una doble maldición sobre cualquier persona que no lo predicara:
“No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:7–9)
Y cuando hablamos del evangelio de Cristo es el evangelio de la gracia. No hay otro evangelio aparte del evangelio de la gracia, y el evangelio de Cristo es pervertido por la introducción de la ley. Jesús dijo que no se puede poner vino nuevo en odres viejos (Mateo 9:17). El problema siempre va ser la mezcla de la gracia con la ley.
No somos salvos por gracia solo para volver a la ley. Pablo dice:
“¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” (Gálatas 3: 3)
Pero existe una falsa creencia de que si no predicamos la ley, los creyentes no vivirán vidas santas. Pero vemos en las vidas de Abraham y José, quienes vivieron antes de que se diera la ley, que Dios los consideraba santos.
Algunos piensan que como cristianos, comenzamos en la gracia pero maduramos practicando la ley. Nada más lejos de la verdad. La gracia no es solo el punto de partida. La gracia es todo el viaje de principio a fin en la vida. ¡Mantente en el camino de la gracia!
Es la gracia de Dios la que te da la victoria sobre tu debilidad
La manera como Dios nos ve es como justos, y tan seguro como Jesús se convirtió en pecado es tan seguro como tú eres justo a los ojos de Dios. No se trata de si lo sientes o no, se trata de elegir creer y aceptar lo que Jesús ya ha hecho por ti. Eso no es ser hipócrita. La hipocresía es fingir ser quien no eres.
A lo largo de los evangelios, vemos cómo Jesús fue severo con la hipocresía. ¿Por qué? Porque nunca sabrás cuánto te ama Dios de verdad hasta que sepas que Él sabe todo sobre ti y aún así te ama. Vemos esto en sus interacciones con Nicodemo en Juan 3 y la mujer samaritana en el pozo en Juan 4.
En Juan 3, cuando Jesús le habló a Nicodemo (un fariseo, un líder religioso y maestro de la ley), cortó todos los aires religiosos de Nicodemo y le dijo que con todo su conocimiento erudito, necesitaba nacer de nuevo para ser salvado.
Pero cuando se trataba de la mujer en el pozo en Juan 4, que tenía cinco maridos y vivía con un hombre que no era su marido, Jesús fue amable en la forma en que reveló su pecado. Quería que ella supiera que era amada a pesar de todo lo que había hecho.
Nicodemo tardó un tiempo en convertirse en seguidor de Jesús. Por otro lado, una vez que la mujer del pozo encontró el amor incondicional del Señor, se convirtió en una evangelista instantánea. ¿Por qué? Porque la gracia no es natural, transforma nuestras vidas.
Por tanto, la gracia enseña que puedes recibir lo bueno que no mereces porque otro, Jesucristo, ha recibido todo lo malo que no merecía. Pero se necesita el Espíritu Santo para enseñar eso y revelar la hermosura de Jesús y exaltar sus bellezas y excelencias.
“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17)
Todavía, aquí vemos que la ley fue dada por un siervo, Moisés, pero la gracia fue dada por el Hijo, Jesucristo. La ley es santa, pero no puede hacerte santo, ni tampoco puede hacerte justo. Es Su gracia que nos da la victoria ante nuestras debilidades ¡Aleluya!

